Y estando a un paso más cerca de lo que deseo, me derrumbo ante la incertidumbre.
La sensación maldita que me recorre, insinuando el inminente fracaso de mis expectativas. Y es que todos alardean de que las expectativas son una droga adictiva que hay que abandonar antes de que te corroya.
Aún así, me abastecen hasta tal punto que la ficción se vuelve parte de mi rutina y queda permanentemente fusionada a mi día y a mi noche, manifestándose en esta última como ilusión onírica.
¿Y es que cómo se vive sin esas dulces mentiras piadosas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario