Sentir que la vida se ha pausado y no avanza. Encerrada en un montón de recuerdos inolvidables e irreconocibles. Sin otra opción que aguardar el amanecer de un nuevo día que haga rodar el tiempo definitivamente.
Sin embargo, ese deseo es sin lugar a dudas tan peligroso como la espera.
Y es que el tiempo aletea cual colibrí desenfrenado hasta que se apaga la luz de nuestros ojos. Y entonces deseamos regresar a la monótona pausa desquiciante.
Paradoja condenada.
lunes, 4 de abril de 2016
domingo, 20 de marzo de 2016
Y aunque sólo sea una convención social ya mucho tiempo atrás establecida, me sirve de referencia en mi camino a la inmortalidad.
Porque eso es lo que nos mueve, saber que avanzamos respecto a algo que permanece inmutable, como el tiempo, que nos cambia pero nunca cambia su forma.
Esto es tan sólo una puerta en el paseo de mis sueños, una más que cruzar y dejar a mis espaldas.
Seguir hacia delante, siempre hacia delante. Sin embargo, los días se hacen largos y las noches oscuras y en esos momentos de angustia ¿qué se puede pedir que no sea algo que te haga vibrar?
Nos gusta pensar que conocemos el origen de nuestras dudas y eso nos hace fuertes y firmes.
Qué inocencia se respira en este antro acicalado con perfumes y flores de plástico coloreado, que por duro que lo intenta no logra esconder su desparpajo natural.
Porque eso es lo que nos mueve, saber que avanzamos respecto a algo que permanece inmutable, como el tiempo, que nos cambia pero nunca cambia su forma.
Esto es tan sólo una puerta en el paseo de mis sueños, una más que cruzar y dejar a mis espaldas.
Seguir hacia delante, siempre hacia delante. Sin embargo, los días se hacen largos y las noches oscuras y en esos momentos de angustia ¿qué se puede pedir que no sea algo que te haga vibrar?
Nos gusta pensar que conocemos el origen de nuestras dudas y eso nos hace fuertes y firmes.
Qué inocencia se respira en este antro acicalado con perfumes y flores de plástico coloreado, que por duro que lo intenta no logra esconder su desparpajo natural.
¿Es posible dudar de todo lo que conozco? ¿Todo eso grabado inconscientemente en mi cabeza?
El sonido de mi escepticismo se asemeja a un doloroso chirrido de indignación, vejado por el paso de un tiempo paradójicamente estático.
Mi interior se inunda de la rabia más inocente jamás experimentada.
¿Y es que acaso me dieron elección?
Caer a esta tierra plagada de embriagadora belleza a la par que de absoluto caos.
Especiado con ese deseo febril de encontrar un porqué indescifrable y tan efímero como su búsqueda.
Aquellas familiares palabras de ánimo, consuelo, gratitud, egoísmo; no son más que puras invenciones ajustables bajo nuestro mando.
Sin embargo, esa verdad tan certera como es el poder de modificar, se nos escapa, arrastrándose como el último suspiro de nuestra indeseada e inalcazable vida.
Y corremos, llevados por el frenesí de lo imposible, persiguiendo aquello que nos enciende, ignorando las posibilidades que nos ofrece la perspectiva.
Ignorandolo todo.
Componiendo el verdadero motivo de nuestra existencia: resistir.
El sonido de mi escepticismo se asemeja a un doloroso chirrido de indignación, vejado por el paso de un tiempo paradójicamente estático.
Mi interior se inunda de la rabia más inocente jamás experimentada.
¿Y es que acaso me dieron elección?
Caer a esta tierra plagada de embriagadora belleza a la par que de absoluto caos.
Especiado con ese deseo febril de encontrar un porqué indescifrable y tan efímero como su búsqueda.
Aquellas familiares palabras de ánimo, consuelo, gratitud, egoísmo; no son más que puras invenciones ajustables bajo nuestro mando.
Sin embargo, esa verdad tan certera como es el poder de modificar, se nos escapa, arrastrándose como el último suspiro de nuestra indeseada e inalcazable vida.
Y corremos, llevados por el frenesí de lo imposible, persiguiendo aquello que nos enciende, ignorando las posibilidades que nos ofrece la perspectiva.
Ignorandolo todo.
Componiendo el verdadero motivo de nuestra existencia: resistir.
jueves, 4 de febrero de 2016
Y estando a un paso más cerca de lo que deseo, me derrumbo ante la incertidumbre.
La sensación maldita que me recorre, insinuando el inminente fracaso de mis expectativas. Y es que todos alardean de que las expectativas son una droga adictiva que hay que abandonar antes de que te corroya.
Aún así, me abastecen hasta tal punto que la ficción se vuelve parte de mi rutina y queda permanentemente fusionada a mi día y a mi noche, manifestándose en esta última como ilusión onírica.
¿Y es que cómo se vive sin esas dulces mentiras piadosas?
La sensación maldita que me recorre, insinuando el inminente fracaso de mis expectativas. Y es que todos alardean de que las expectativas son una droga adictiva que hay que abandonar antes de que te corroya.
Aún así, me abastecen hasta tal punto que la ficción se vuelve parte de mi rutina y queda permanentemente fusionada a mi día y a mi noche, manifestándose en esta última como ilusión onírica.
¿Y es que cómo se vive sin esas dulces mentiras piadosas?
¿Es que nunca se está realmente preparado para salir al mundo exterior? A ese salvaje mundo en el que nos deslizamos como víboras ansiando todo lo que alcanzamos a contemplar.
¿Quién me enseñará las cosas que nunca me atrevo a preguntar? Lo que mi voz no hace más que un murmullo difuso.
¿Cómo aprendo a vivir esta vida que me han brindado? El libre albedrío es útil cuando no se encuentra constantemente limitado. Sin embargo, en casos como el que me quita el sueño, es inútil el instinto, pues funcionamos según unas leyes dispuestas y el instinto no es más que un vulgar reflejo de nuestra consciencia más primitiva.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)