Y aunque sólo sea una convención social ya mucho tiempo atrás establecida, me sirve de referencia en mi camino a la inmortalidad.
Porque eso es lo que nos mueve, saber que avanzamos respecto a algo que permanece inmutable, como el tiempo, que nos cambia pero nunca cambia su forma.
Esto es tan sólo una puerta en el paseo de mis sueños, una más que cruzar y dejar a mis espaldas.
Seguir hacia delante, siempre hacia delante. Sin embargo, los días se hacen largos y las noches oscuras y en esos momentos de angustia ¿qué se puede pedir que no sea algo que te haga vibrar?
Nos gusta pensar que conocemos el origen de nuestras dudas y eso nos hace fuertes y firmes.
Qué inocencia se respira en este antro acicalado con perfumes y flores de plástico coloreado, que por duro que lo intenta no logra esconder su desparpajo natural.
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