Y aunque sólo sea una convención social ya mucho tiempo atrás establecida, me sirve de referencia en mi camino a la inmortalidad.
Porque eso es lo que nos mueve, saber que avanzamos respecto a algo que permanece inmutable, como el tiempo, que nos cambia pero nunca cambia su forma.
Esto es tan sólo una puerta en el paseo de mis sueños, una más que cruzar y dejar a mis espaldas.
Seguir hacia delante, siempre hacia delante. Sin embargo, los días se hacen largos y las noches oscuras y en esos momentos de angustia ¿qué se puede pedir que no sea algo que te haga vibrar?
Nos gusta pensar que conocemos el origen de nuestras dudas y eso nos hace fuertes y firmes.
Qué inocencia se respira en este antro acicalado con perfumes y flores de plástico coloreado, que por duro que lo intenta no logra esconder su desparpajo natural.
domingo, 20 de marzo de 2016
¿Es posible dudar de todo lo que conozco? ¿Todo eso grabado inconscientemente en mi cabeza?
El sonido de mi escepticismo se asemeja a un doloroso chirrido de indignación, vejado por el paso de un tiempo paradójicamente estático.
Mi interior se inunda de la rabia más inocente jamás experimentada.
¿Y es que acaso me dieron elección?
Caer a esta tierra plagada de embriagadora belleza a la par que de absoluto caos.
Especiado con ese deseo febril de encontrar un porqué indescifrable y tan efímero como su búsqueda.
Aquellas familiares palabras de ánimo, consuelo, gratitud, egoísmo; no son más que puras invenciones ajustables bajo nuestro mando.
Sin embargo, esa verdad tan certera como es el poder de modificar, se nos escapa, arrastrándose como el último suspiro de nuestra indeseada e inalcazable vida.
Y corremos, llevados por el frenesí de lo imposible, persiguiendo aquello que nos enciende, ignorando las posibilidades que nos ofrece la perspectiva.
Ignorandolo todo.
Componiendo el verdadero motivo de nuestra existencia: resistir.
El sonido de mi escepticismo se asemeja a un doloroso chirrido de indignación, vejado por el paso de un tiempo paradójicamente estático.
Mi interior se inunda de la rabia más inocente jamás experimentada.
¿Y es que acaso me dieron elección?
Caer a esta tierra plagada de embriagadora belleza a la par que de absoluto caos.
Especiado con ese deseo febril de encontrar un porqué indescifrable y tan efímero como su búsqueda.
Aquellas familiares palabras de ánimo, consuelo, gratitud, egoísmo; no son más que puras invenciones ajustables bajo nuestro mando.
Sin embargo, esa verdad tan certera como es el poder de modificar, se nos escapa, arrastrándose como el último suspiro de nuestra indeseada e inalcazable vida.
Y corremos, llevados por el frenesí de lo imposible, persiguiendo aquello que nos enciende, ignorando las posibilidades que nos ofrece la perspectiva.
Ignorandolo todo.
Componiendo el verdadero motivo de nuestra existencia: resistir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)