miércoles, 2 de diciembre de 2015

Tienes un problema, y lo sabes, lo sabes muy bien porque no puede ser de otra forma.
Pero ¿cómo afrontarlo? Esa es la incógnita.
Ni pistas ni referencias que coleccionar para poder seguir avanzando con un mínimo de equilibrio, solo el recuerdo de su causa, del origen de ese molesto problema que ronda tus sueños.
Inhalas insatisfacción en el aire, contaminado por esas apestosas auras destruidas, demacradas y rotas.
Apartas la mirada para no desfallecer, de hambre de algo bueno.
Y entonces te caes de bruces en el fuego, algo te invade el pecho y hace que te retuerzas con ganas de arrancar la ropa de tu piel, liberarla. Salir y correr lejos de todo lo que nos rodea, por una vez, sin condiciones, sin influencias, un estado puro e imperturbable.
Vuela la cabeza por un mar de nubes borrosas y grises, sorteando los rayos que Zeus nos arroja desde su trono de hierro, corre más rápido, antes de que te pille y te capture entre sus largos dedos manipuladores.
Una serpiente sisea en tu oreja y te tienta con la fría verdad, pero cierra los ojos y descubre lo que esconden sus palabras, entre las bífidas formas de su canto.
Recuerda que en un tiempo quisiste salir de esto y cuando lo lograste caíste al fuego, un infierno helado y abrasador que arrastra la cordura que se escapa de tus pensamientos, ahogada entre rosas de papel perfumadas y gotas de sangre seca y dulce.
Maldigo el día en que me crucé con la lucidez insatisfecha de mis preguntas sin respuesta, a veces quisiera ser solo un punto blanco en la distancia, un número en la lista de nacidos del planeta.
¿Y no es lo que soy?
A veces me gustaría quitarle importancia a las cosas que no la tienen, más de lo que ya hacemos.
No debería dejarse llevar por las olas de la sociedad condenada del mundo negro en el que hemos caído, como Lucifer cuando su pecado lo arrojó a un abismo de locura. Como Pandora y su cajita de los males más oscuros del universo. Como Lilith al oponerse a su dominante señor, sueña, sueña que algún día su propio futuro la rescate.
¿Es eso lo único que nos queda? ¿Esperar una luz al final del túnel?

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