Las cosas se amontonan y yo sigo aquí, esperando un cambio que no acaba de tomar forma.
En mi pecho siento esa insatisfacción que sentía entonces, más leve, pero aun presente.
Espero demasiado de situaciones que no dan para tanto.
Son todo aspiraciones y ambiciones que revolotean como torbellinos alocados a mi alrededor y se mezclan hasta resultar un caos incomprensible.
Mi cabeza es una selva, salvaje e inexorable. Como testigo observo dentro de ella. Me estremece. Su fuerza arrolladora me llena por completo y necesito más.
Ese deseo que cobra intensidad cada segundo que pasa.
¿Qué es?
Una de tantas preguntas sin respuesta, que pronto lograré descifrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario