viernes, 23 de octubre de 2015

Mis recuerdos vagan hacia su rostro que se ilumina al final de un túnel de oscuridad absoluta.
Un suave destello del color de una rosa madura sobre la que se esparcieron pigmentos de espesa sangre.
Su color nos mueve al deseo de poseer su imagen grabada en la mente.
Se desvanece simulando la niebla al dispersarse.
Sus ojos como luces, ventanas que reflejan el atardecer mas tierno y salvaje.
La pálida piel de su cuerpo semejante a la luna mas luminosa y llena.
El remolino sin límite que revelan sus atontados rizos miles. Flotando como una corona escarlata, declarándola una verdadera diosa.
El oscuro agujero negro que sepulta su corazón y somete sus deseos, sus impulsos, y la descarrila con diligencia hacia un futuro en penumbra.
Su ávida voz en un siseo de víbora voraz que arranca la piel de los más necesitados con sollozos de placer.
El deseo de imponer su obra a cualquiera que pueda escucharla, que se atreva a alzar su mirada hacia su disonante expresión de triunfo.
Susurros que se pierden ante una montaña de lamentos y tentaciones frustradas que vive entre sus pechos, un hogar permanente.
La sed de ver todo lo que ansía cumplido con el más lustroso harem de detalles suculentos y escabrosos que condimenten su desesperante existencia.
Su más profunda insatisfacción oculta gimiendo extasiada con cada momento que se aproxime en el horizonte.

Los sueños más salvajes del alma más hermosa que se eleva en nuestro cielo de mil noches y una luna.

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