viernes, 23 de octubre de 2015

Muros que se caen, fronteras que se alcanzan, se atraviesan, se emborronan.
Vidas que se apagan, amor que se pierde y sobretodo voces que se ignoran.
Una preciosa ciudad de frágil cristal que tiembla con cada movimiento, cada suspiro, cada pensamiento.
¿Se caerá? ¿Cuánto tiempo permanecerá intacta?
¿Nos aplastará a nosotros?
Miedo que invade cada rincón, cada curva, cada piedra y cada granito de arena.
Los cimientos perturbados por la rítmica percusión de la muerte.
Muerte viva y real, muerte abierta y etérea que nos abraza.
Nos empuja a pensar dos veces, nos inclina hacia la decisión idónea, o errónea, en eso ya juega un papel importante tu suerte, o simplemente lo que creas que importa.
Nada más que priorizar cada elemento, darle un número, darle un orden en este caos universal y sagrado que no depende de nosotros, que solo nos cogerá por sorpresa y nos abatirá con unas enormes alas emplumadas y esbeltas de pura luz abismal.
Celeste como un cuerpo precioso, glorioso como la más asombrosa de las Maravillas.

Callad y escuchad su advertencia, dijo la voz mentirosa y luego la luz se apagó.

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