martes, 25 de agosto de 2015

Mis ojos se apagan para dar paso a mi cabeza, que reza, pide que la dejen pasar en un mundo que no la quiere.
Cercada como un pajarillo asustado, entre los barrotes de una lujosa jaula bañada en mierda. 
Cuando ellos quieren, pueden ser muy inteligentes ¿pero quieren?
No, claro que no, sus ojos permanecen tan abiertos todo el tiempo, siempre viendo pero sin mirar. Me dan pena. ¿No hay vacío en ellos?
¿Y si es lo que se debe hacer para que el vacío desaparezca? Sería tan fácil dejar de pensar y sólo escuchar lo que la gente dice sin cuestionarlo.
Me gusta pensar en el pasado, quizá demasiado y siento que se agota el tiempo para hacer un movimiento, el movimiento correcto. La jugada de mi vida. Pero no la encuentro, no hay pistas que seguir, yo misma debo hacerlas, crear las pistas. Y sin saber cómo avanzar vuelvo abrir los ojos y a deleitarme con lo que tengo al alcance de mis manos, de mi mente despierta y a la vez paralizada ante la impotencia de no poder avanzar, no saber hacerlo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario