Mis ojos se apagan para dar paso a mi
cabeza, que reza, pide que la dejen pasar en un mundo que no la
quiere.
Cercada como un pajarillo asustado,
entre los barrotes de una lujosa jaula bañada en mierda.
Cuando
ellos quieren, pueden ser muy inteligentes ¿pero quieren?
No, claro que no, sus ojos permanecen
tan abiertos todo el tiempo, siempre viendo pero sin mirar. Me dan
pena. ¿No hay vacío en ellos?
¿Y si es lo que se debe hacer para que
el vacío desaparezca? Sería tan fácil dejar de pensar y sólo
escuchar lo que la gente dice sin cuestionarlo.
Me gusta pensar en el pasado, quizá
demasiado y siento que se agota el tiempo para hacer un movimiento,
el movimiento correcto. La jugada de mi vida. Pero no la encuentro,
no hay pistas que seguir, yo misma debo hacerlas, crear las pistas. Y
sin saber cómo avanzar vuelvo abrir los ojos y a deleitarme con lo
que tengo al alcance de mis manos, de mi mente despierta y a la vez
paralizada ante la impotencia de no poder avanzar, no saber hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario