martes, 25 de agosto de 2015

Sin quererlo me precipito hacia la carrera de mi vida, hacia el comienzo y también hacia una meta hace años dispuesta en mi camino, que había olvidado.
Todo fluye y se penetra, se combina y se pierde, la originalidad de un concepto se desvanece apagando nuestras luces hasta que todo se vuelve oscuro.
Y entonces me detengo a pensar, un instante en lo que eso significa, en lo que eso nos supone como habitantes de un lugar que cambia con cada paso que damos, y decidimos que lo más fácil es mirar el cielo y pensar en su intenso azul, consolador de corazones rotos y almas perdidas, que alzan sus ojos para divisar en él la respuesta a sus preguntas.
La vida es bella y todo lo que suponga esa belleza a la vida es justificable.

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