Si la amistad durase para siempre, la mitad de los problemas desaparecerían, pero el ser humano como individuo no está destinado a sobrevivir en el mismo entorno durante toda su vida.
Debido a esto las relaciones sociales se marchitan, la propia personalidad se cuestiona, la propia mentalidad del individuo se vuelve dudosa y todo lleva a un declive del alma.
No hay desdicha en este proceso ya que es irrevocable y por ello se deben asumir los cambios como necesarios para prosperar en una existencia superficial y hueca.
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